Un
año más salimos a la calle para reventar el sistema de género y el
orden patriarcal. Un año más queremos poner en el centro del debate
social la realidad que vivimos cada día aquellos cuerpos que incumplimos
las normas del género o transgredimos la sexualidad hegemónica. Desde el transfeminismo entendemos el género en sí mismo como un mecanismo de control social, una categoría que genera violencias, que refuerza
el binomio hombre-mujer y la familia nuclear, castigando y dejando en
los márgenes aquellas formas de pensar, sentir y actuar que no se
corresponden con la normalidad genérica y sexual.
Apostamos
por hablar de violencias de género en un sentido amplio, poniendo en el
centro la violencia ejercida sobre las mujeres y sobre todas aquellas
que no encajamos en el sistema de género; contemplando a la vez la
diferenciación sexual como violenta en sí misma. La transfobia es otra
violencia de género.
Entendemos
el género como un sistema que se sirve de estrategias como la
patologización de la diferencia, la regulación del acceso al propio
cuerpo (aborto, anticonceptivos, hormonas, embarazo, parto, etc.) o de
la heterosexualidad obligatoria como institución para mantener el orden
social establecido.
La
patologización de la transexualidad no tiene sentido sin los patrones
sexistas de un sistema dicotómico y heteropatriarcal, de un sistema de
género basado en la reproducción de una serie de roles y estereotipos
que son totalmente jerárquicos y que sirven para perpetuar determinadas
desigualdades sociales, principalmente la asimetría entre hombres y
mujeres. De la misma forma, todas las penalizaciones que son aplicadas cotidianamente sobre los cuerpos
que no encajan en los binomios hombre/mujer, hetero/homo,
deseable/indeseable. Todas y cada una de las acciones punitivas y
censoras por las cuales se nos obliga a comportarnos conforme a las
normas de género socialmente impuestas. Cada vez que se impone un modelo
de masculinidad y feminidad o que se nos castiga por romperlo: se trata
de una forma más de violencia heteropatriarcal.
Exigimos
la eliminación de todas estas violencias en todos los ámbitos: médico,
legislativo, laboral, en la educación, en los medios de comunicación, en
la calle, en las actitudes y en la vida privada.
Defendemos la eliminación de la transexualidad de los manuales de enfermedades mentales (DSM-V
y CIE-11). Exigimos la eliminación del requisito de diagnóstico de
“disforia de género” para el cambio registral de nombre y sexo así como
el acceso a ese cambio y a los servicios sociosanitarios para las
personas migrantes. Defendemos el derecho de lxs menores de edad a
decidir autónomamente sobre sus identidades y sus cuerpos sin la
intervención tutelante de sus padres o del Estado.
No
aceptamos ninguna intervención en salud que considere la
transexualidad, el transgenerismo y/o los cuerpos intersex como
realidades a erradicar. Nombramos la transfobia como el problema y
denunciamos la complicidad del sistema médico actual cada vez que
confunde nuestra diversidad con un asunto psiquiátrico.
Reclamamos el apoyo psicológico como una opción libremente escogida por
la persona, cuyo ejercicio debe garantizarse en el absoluto respeto a
nuestra dignidad. Nombramos la patologización como uno de los factores
que la socavan. Proclamamos nuestra autonomía para decidir si queremos o
no introducir cambios en nuestros cuerpos, y nuestra libertad para
escogerlos más allá de las ideas estereotipadas de hombre y mujer que
todavía hoy mantienen lxs profesionales médicxs.
Reclamamos
la libertad de todas las personas que lo desean a no identificarse ni
como hombre ni como mujer. Consideramos que no debe ser obligatoria la
mención de sexo en los documentos oficiales y exigimos la eliminación de
los protocolos médicos de normalización binaria para personas intersex.
Por supuesto, que se garanticen las libertades sexuales y reproductivas
de las personas trans, de las mujeres lesbianas y de las personas
solas.
Queremos
que desaparezcan del DSM las conductas sexuales no normativas,
clasificadas como parafilias, como el fetichismo, el sadomaso, el
bondage, el sexo grupal, la ninfomanía, etc. Las relaciones sexuales de
mutuo acuerdo entre personas conscientes no deben ser carne de la
institución médica patologizadora con sus errores y horrores a lo largo
de la historia universal.
¿Cómo es posible que no estén patologizadas conductas brutales y
bestiales cómo el militarismo y su sangrienta obra en nombre de la
debida obediencia? ¿O la religión y los religiosos, y sus locas y
prepotentes creencias y ocurrencias? ¿O la patronal y el empresario con
su insensibilidad a las necesidades de lxs obrerxs? ¿O los políticos y
su patológica necesidad de discursar, embaucar y liderar? ¿O el
antidisturbios y su violencia mercenaria? Cuando se trata de sexualidad
los mecanismos de represión y control se activan y actúan de una forma
inmediata, contundente y totalitaria.
Hartas
de ser la fachada detrás de la cual se oculta una sociedad patológica
de consumo, de egoísmo, de heterocentrismo, de verticalidad, de control,
de competitividad, de religión y de mercado: para nosotras, la patología es una construcción social y un mecanismo de control. ¡La patología la lleváis vosotros!
Rechazamos también la crueldad del capitalismo,
de este sistema económico y político que intensifica la discriminación
expulsando del mercado laboral a las personas trans, a las mujeres,
bolleras, maricas, queer, etc.
Defendemos el reconocimiento de derechos laborales y sociales para las trabajadoras sexuales, y la regularización de las personas migrantes que se dedican al trabajo sexual.
Combatimos cualquier forma de abuso, violencia o explotación laboral asociada al trabajo sexual o a cualquier forma de trabajo.
Exigimos
el fin del acoso policial y social a la trabajadoras sexuales y la
derogación de cualquier ordenanza cívica que pretenda regular nuestro
comportamiento en el espacio público en base a una idea conservadora y
rancia de lo que son las “buenas costumbres”, eso que ellos llaman
“civismo” y que contiene en realidad un afán de limpieza social y
criminalización de la pobreza.
Reclamamos que se respete la libertad de las personas a migrar y que se facilite el asilo por motivos de género y sexualidad, así como la abolición de los CIEs (Centros
de Internamiento de Extranjerxs) y otros centros de encierro, como
centros de menores, cárceles, etc. y denunciamos los abusos que se
producen con las personas transexuales, transgénero e intersex
internadas en los mismos.
Denunciamos
la representación estereotipada, tendenciosa y reduccionista que se
hace desde la “cultura” y los medios de comunicación de las personas
trans y con géneros y sexualidades no normativas. Denunciamos la visión que reduce los cuerpos trans a objetos de explotación sexual.
Demandamos un sistema educativo que contenga una
educación en género y sexualidad integral, feminista y plural. Exigimos
medidas efectivas para evitar el machismo y el acoso transfóbico,
lesbofóbico y homofóbico en los centros educativos.
Porque lo personal es político reclamamos el derecho a una sexualidad y una afectividad pública libre que
no se articule en términos de desigualdades, estereotipos,
exclusividades, jerarquías, prohibiciones, secretos y tabúes, que no
esté condenada a la intimidad, la privacidad y la invisibilidad.
Ninguna institución (ni la Iglesia, ni la ciencia, ni el Estado, ni el Mercado) debe
seguir teniendo poder sobre la vida de las personas, sobre nuestras
relaciones afectivas, sexuales y amorosas, sobre nuestra vida
reproductiva, sobre nuestras decisiones corporales y nuestras formas de
organización.
Defendemos la pluralidad de formas de relación que exceden el modelo normativo de monogamia y familia nuclear.
Denunciamos los privilegios exclusivos a los que se accede a través del
matrimonio y nos negamos a toda forma de institucionalización de
nuestras relaciones afectivas.
Porque las utopías cuando se creen y se viven empiezan a existir,
seguiremos como hasta ahora: creando discursos y prácticas alternativas
al sistema de género y capitalista, transformando con nuestras ideas y
nuestras formas de relación, generando deseos con nuestros cuerpos y
cuerpos con nuestros deseos.
¡Nos vemos en las calles!